Mi serie "Copetones" surge de la observación de una de las especies de aves más características de la sabana cundiboyacense. Presente en jardines, parques, caminos y espacios cotidianos, el copetón se ha convertido en un signo silencioso e inseparable de este territorio y de quienes lo habitan.
Más que representar al ave desde una mirada estrictamente naturalista, la obra busca aproximarse a su condición simbólica y afectiva. Su presencia discreta forma parte de un paisaje compartido que rara vez ocupa el centro de la atención, aunque acompaña de manera constante la experiencia cotidiana de millones de personas.
El eje temático gira en torno a aquello que permanece en segundo plano y que, sin embargo, contribuye profundamente a construir nuestra percepción del lugar. El canto del copetón constituye una suerte de firma sonora del territorio: una melodía familiar que, junto al vuelo de las golondrinas, conforma el telón de fondo sobre el que transcurren innumerables historias humanas.